En este apartado queremos destacar a aquellas personas que de alguna forma han estado o están vinculadas a Valdeltormo, y que han dejado su huella personal en la historia del municipio.
Fernando Prades. Pintor
Josefina Ardid Serret
Bienvenida Alcover Serres
Mosen León. Párroco durante 40 años
C. Guardiola. Profesor emeritus de Rutgers

Evaristo Colera Soldevilla -Calaceite 1772 - Valdeltormo 1837-. Estudió primero en las Escuelas Pías de Alcañiz y, más tarde, teología en Zaragoza. Ya ordenado sacerdote desde 1798 ejerce funciones religiosas primero en Fabara y en 1807 en la parroquia de Valdeltormo, donde llegará para sustituir al sacerdote que murió como consecuencia de unas terribles fiebres que afectaron a la población con gran virulencia por la putrefacción de las aguas que se estancaron en las vales que circundan la población después de un largo periodo de fuertes lluvias. Colera es el
iniciador de la arqueología en la comarca. Investigará en Fabara el mausoleo romano y los yacimientos de la Torre Cremada, les Torrasses y el Mas d’en Rius, todos ellos en el término de Valdeltormo.Escribe sobre el Bajo Aragón y sus pueblos, documentándose a partir de sus constantes viajes por todo el territorio, fruto de ello son sus trabajos “Rectificación de los artículos de los pueblos y casas notables del Partido de Alcañiz, publicados por el Diccionario Geográfico Universal y Adiciones de los omitidos” o “Relación individual de la Educación, Agricultura, Artes y Comercio de Alcañiz y pueblos de su partido”. Escribió un extenso y interesante artículo sobre nuestra población publicado en el Diccionario Geográfico Universal -1834-. Es un defensor de las ideas de las Sociedades Económicas de Amigos del País que quieren sacar la nación del atraso económico que padece y para ello mantiene correspondencia y relación con las personas más progresistas y liberales de la comarca con las que se identifica plenamente. Murió en 1837 cuando la población vivía una de las épocas más sangrientas de la historia: las guerras carlistas
que diezmaron la población y su economía. Parte de sus escritos se conservan en el archivo de los Escolapios de Alcañiz.Sobre este ilustre personaje el calaceitano Santiago Vidiella, por el que sentía una profunda admiración, escribió una extensa biografía: Un rector de Valdeltormo. Vida y obra del ilustre bajo-aragonés D. Evaristo Colera Soldevilla-1926-.

De pequeño le viene su afición por la pintura, sin embargo durante muchos años trabajó de impresor para una conocida editorial de Barcelona. Una invalidez hizo que regresara con su familia a su pueblo de origen, Valdeltormo. Desde entonces, este hombre de mente inquieta no ha dejado de investigar, leer y explorar esta tierra, rica en historia y leyendas. Una vez en el pueblo, poco a poco fue recuperando su afición por la pintura, comenzó con dibujos de carboncillo y trabajos al óleo, pero fue desde los años noventa cuando de forma importante comienza a dedicar gran parte de su tiempo a pintar, sobre todo los paisajes de la comarca, los monumentos de los pueblos cercanos, los campos, y en especial rincones del propio Valdeltormo, que sobre el lienzo quedan definitivamente inmortalizados ante los ojos del espectador. Fernando Prades trabaja ahora tratando de dar
forma a una idea que le surgió en uno de sus paseos diarios por los alrededores de Valdeltormo. Mientras andaba, observando el paisaje, se percató de que el color de la tierra variaba. Recogió tierras de diferentes tonalidades, y al llegar a casa las mezcló con agua, tratando de conseguir diferentes colores. Ya ha pintado más de un cuadro con estas pinturas tan especiales conseguidas de la propia naturaleza. Pero además de pintar, Fernando escribe poesía, relatos y recopila infinidad de datos históricos con el fin de conocer más a fondo la comarca de Matarranya.

La obra de Josefina Ardid Serret está llena de color, de vida, de cuidados detalles que nos hablan de una mujer creativa, de un espíritu libre que encuentra en el arte su mejor forma de expresión. Reside en Barcelona desde hace años, y aunque una enfermedad le impide salir de casa, el hogar de Josefina es un continuo ir y venir de gentes: Profesores de arte que llegan desde Estados Unidos para recibir clases de esta pintora, amigos que admiran su obra y que la visitan frecuentemente, y hasta algún que otro vecino de Valdeltormo que a pesar del tiempo que ha pasado desde que Josefina se marchó de La Vall, la recuerdan y mantienen el contacto con ella.
Pero la faceta artística de Ardid Serret no se limita sólo a la pintura, diseña todo tipo de objetos, trabaja con diferentes materiales, y últimamente una de sus creaciones más recientes es la pintura sobre seda natural, que igual utiliza para la elaboración artesanal de lámparas, como para cuadros infantiles, pañuelos o puntos de libro. Su obra ha formado parte de exposiciones y hoy es conocida tanto en España como en el extranjero.
Recientemente una editorial se ha interesado por algunos de los escritos de Josefina, porque también Ardid Serret escribe desde niña. Joseppa de las tejas verdes es el seudónimo con el que firma sus textos, entre los que destacan emotivos recuerdos de la época en la que residía con su familia en Valdeltormo.

Infancia y Juventud
Hasta los tres años vivió en la Vall y después en Tortosa hasta casi los diez. Cuando regresa al pueblo ya escribe sus primeras obras de teatro que interpretaría con sus amigas. A los 14 años viaja a Barcelona y Madrid con el doctor Ángel Izquierdo y su  esposa Ana Mª como una especie de niñera de sus hijas; allí descubrió el mar, la luz y el color de otras gentes. Al regresar al pueblo, aconsejada por ellos, les dice a sus padres que quiere ser peluquera y vuelve a Tortosa con sus tíos hasta que terminó este oficio que acabó ejerciendo en la Vall y Mazaleon. Poco después, un amorío juvenil  la trae de nuevo a Cataluña donde trabaja como asistenta, pero enseguida ocupó el lugar de un miembro más en la familia. Entra a formar parte de una peluquería y en sus vacaciones en el pueblo sufre un accidente alérgico que hizo que se quedara en Valdeltormo unos dos años. Durante este período recuerda con cariño a Mosen León, quien alimentó sus ansias de saber con los libros que le prestaba para su lectura. Como no mejoraba, decide ingresarse en un hospital en Barcelona; allí permaneció tres meses hasta su total restablecimiento; Comienza a pintar, al mismo tiempo que decide ayudar a los demás preparándose como enfermera en el mismo hospital que tiempo atrás la había ayudado a ella. Poco después comienza a trabajar por las mañanas en la clínica Alianza y por las tardes con el doctor Meseguer para pasar luego con su primo el doctor Juber y el doctor Jiménez durante unos nueve años hasta que se casa en el Mas de Labrador y forma una familia. Hoy su hijo Jordi es su principal apoyo.

Diseño en punto
Otra de sus etapas artísticas fue el diseño en punto, una experiencia que llegó al poco de casarse. Trabajó para una prestigiosa firma de moda, vistió con sus diseños a bailarinas de teatro, expuso sus creaciones en la Feria de Muestras de Barcelona, dió clases y trabajó con un peletero en mezclas de piel y punto. Durante 18 años consiguió el éxito y el reconocimiento del sector hasta que una pulmonía cambió su vida.

La pintura
Hace ya años que Mª José conoce el apasionante mundo de la pintura sobre seda. Sus colores brillantes y armoniosos le fascinaron desde el primer instante. Su primer trabajo fue pintar un pañuelo; hoy se encuentra en el Museo Textil de Tarrasa. Comienza a investigar todo lo que cae en sus manos, mientras ejerce de profesora de plástica en un prestigioso colegio de Barcelona. Comienza a hacer trabajos para revistas de seda y manualidades con una editorial que publica en Europa y America, al mismo tiempo que da clases a profesores y jóvenes diplomados en Bellas Artes. Realiza su primera exposición en La Caixa; luego vendrían otras más, lo que le permitió conocer a un buen número de personas relacionadas con el arte, incluso de fuera de España. Participó en la I Muestra Internacional de Seda que se celebró en Madrid con la reproducción del altar de Isenheim, la obra maestra de Grüvenwal, que consiguió el premio de honor (participaban obras procedentes de 32 países)

Escribir
Escribe desde niña, una afición que hoy sigue practicando. Los pocos que han leido sus historias, algunas autobiográficas, y sus poemas -muy bellos son especialmente los dedicados a Valdeltormo- tienen una opinión muy favorable de sus escritos.
“Escribir lo hago desde que empezó mi sueño en una pequeña silla de enea, sobre las mortecinas brasas de una chimenea negra que dibujaban arabescos sobre mis piernas flacas a la ténue luz de un candil chispeante entre sombras fantasmales en las paredes calcáreas de una rústica estancia, mientras los míos dormían plácidamente sin entender las fantasías de esa locuela chiquilla”, explica Mª José Ardid Serret, aunque en Valdeltormo la conocen con el nombre de Josefina.
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Carlos Sancho nos manda esta dedicatoria
que mosen Colera escribió en un libro que regaló a un campesino amigo suyo de la Vall. En la dedicatoria podemos ver su firma.
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